Transformers (Michael Bay, 2007)

 

    Enésima producción de Michael Bay destinada a absorber un impacto taquillero tan grande como las explosiones que propone en cada una de sus películas, tomando como referente de nuevo material de cómic reinventado y pasado por la fórmula comercial más descarnada y menos respetuosa con el original.

 La fórmula deviene en lo ya conocido de sobra, con un personajillo con el que supuestamente debemos identificarnos y que permanece imbuido en una adolescencia permanente que arrastra a que todas sus acciones sean un cliché de las oberturas a las escenas de acción.

            Envueltos en esa deleznable cultura teen, la primera hora de película navega con pulso firme y un montaje de video-clip en esos mares sin dueño ni sentido, intentando agregar de por medio algo de humor que consigue empeorar aún más el conjunto.

            Cuando la trama ya está sujeta y los robots (auténticos protagonistas) llegan por fin a la tierra, la acción se desborda hasta desembocar en una escena final de auténtico impacto, llena de fuegos artificiales y colmada de los efectos más espectaculares que este que suscribe haya visto jamás.

            A pesar de que el material de base sea horrendo, la película sabe a dónde quiere llegar y cómo llegar, y Michael Bay, muy a nuestro pesar, dirige con mano férrea la función circense sin llegar a caerse en ningún momento, e incluso las situaciones que suenan a chiste llegan a pasarse por alto al notar la enorme convicción de su autor por llevarlas a la pantalla.

            Blockbuster sin mayor aliciente que el del entretenimiento, que sólo consigue a medias, que va ganando en intensidad y que lo único que guarda de los infinitos valores que prodigaban la serie animada y los cómics del original es el sentido de amistad y nobleza. Pero incluso en el diseño se nota la mano de Spielberg: Michael Bay ha olvidado la moda retro de los originales y éstos terminan pareciendo más dinosaurios que guerreros metálicos.