Piratas del Caribe: En el fin del mundo (Gore Verbinski, 2007)

 

Fallido último episodio de la que ha resultado ser a la postre una más de las mastodónticas trilogías taquilleras que han poblado esta década fílmica y que parece abrir la veda de las cuartas partes que por primera vez no salen directamente al mercado del vídeo.

Episodio que hace aguas, nunca mejor dicho, debido a que sus intenciones son meramente conclusivas sin atribuir más aliciente a una entrega más que remover lo ya conocido, lo que funcionó en sus antecesoras y que ahora se explota sin rubor y ningún ánimo de evolución en una saga que ha roto muchas barreras, que se ha abierto camino de forma espectacular y que no en vano es la primera película de piratas que triunfa desde hace décadas.

La dirección de Gore Verbinski es invisible, ha dejado traspasar a un primer plano la acción y la resolución dramática, una prueba más del buen hacer de este director solvente, embarcado en la dirección de este mastodonte sin rumbo más ocupado en marear la perdiz que en contar algo nuevo.

Geoffrey Rush y Keira Knightley, que piensan que se llevan gran parte del pastel, creen que pueden sobreactuar y que les funcione igual de bien que al bueno de Deep, pero la cosa no les sale tan favorablemente como a este último, que a pesar de ser perjudicado con el peor desarrollo de todos los personajes existentes, clones ridículos de por medio,  vuelve a comerse la pantalla con su histrionismo y su humor desbocado. Chow Yun Fat debería haberse quedado en oriente con semejante pantomima.

Música nuevamente machacona y sin sustancia alguna, esta vez firmada por el sobrevalorado Zimmer, que no firma las dos anteriores y sí esta con un tremendo olor a obra de encargo.

Irreprochable en todos los aspectos técnicos, fastuosa en su recreación de todos sus entramados fantasiosos, la película fracasa por contar con un guión totalmente aborrecible, carente de la magia y la chispa de sus predecesoras, apoderada de una fórmula que da sus últimos coletazos, dueña de un desarrollo insostenible del que se espera mucho, que defrauda continuamente, que termina por aburrir y que la película intenta salvar compensándolo con su genialidad visual.

En definitiva una lamentable supuesta rúbrica, pues se habla ya de cuarta entrega, que supondrá con seguridad el éxito taquillero del año pero que está indudablemente lejos de sus compañeras de saga y lejos también del éxito como película de aventuras en sí misma.