Jumper (Doug Liman, 2008)

 

 

Enésimo subproducto comercial centrado en la creación de un héroe original y novedoso, con la funesta idea de conseguir una franquicia para poder realizar así una cantidad incierta de secuelas.

 

El modelo de superhéroe de ‘Jumper’ no se basa en la búsqueda de un antihéroe, sino en la olvidada creación de un héroe cercano, con sus propias debilidades, con su mar infinito de dudas hacia sus habilidades sobrehumanas, con el villano y la chica de turno, y con un argumento donde lo que primera es la búsqueda de espectaculares escenas de acción en sacrificio de un desarrollo interesante (o al menos digno) de las criaturas que viven la aventura.

 

Uno de los mayores problemas de ‘Jumper’ es que se toma muy en serio a sí misma. Hay un gran número de situaciones cómicas, pero no hay lugar para el humor. Sí para el sobresalto y el espectáculo desmesurado, para las tracerías visuales y para el ‘más difícil todavía’. Los diálogos sólo son capaces de discurrir por tres lamentables vías de desarrollo: las sentencias serias y pedantes, la redundante explicación de lo que ya estamos viendo, o bien una narración infantil y en momentos vergonzosa que dinamita toda posibilidad de diálogo inteligente.

 

Otro de los problemas para que la cinta funcione es el plantel actoral. Nunca hubo un villano tan mediocre como Samuel L. Jackson en su encarnación de semi lex luthor con pelo blanco. Un malvado que no crea antipatías por ser el alter ego del protagonista, sino por ser un personaje fallido que termina siendo odioso.

 

Mención aparte merecen los dos protagonistas, de gran calado mediático televisivo pero con una sospechosa capacidad para derruir las escenas en que aparecen juntos, además de mostrar una química inexistente en la mayoría de sus escenas.

 

John Powell comete el mayor pecado en una banda sonora: la invención de una célula musical interesante y poderosa, y su inútil utilización y escaso desarrollo a lo largo de la cinta, formando una banda sonora aceptable pero que contaba con un potencial mucho mayor.

 

‘Jumper’ sí cosecha el éxito como cinta de puro entretenimiento, pues su espectáculo de pirotecnia y montaje frenético le salvan la partida y la película termina antes de que el espectador pueda pestañear. Su brevedad y su previsible pero agradable desarrollo le confiere una cualidad de producto de consumo masivo que se sigue con interés a sabiendas de que no desemboca en nada.

 

Aunque en numerosas ocasiones camine al borde de la mediocridad, consigue ‘saltarla’. Era lo único que se podía esperar de una película poco pretenciosa como ésta, y es lo que consigue finalmente.