LA BUTACA AZUL

Itinerarios y sugerencias a través del cine contemporáneo

2001: A space odyssey (Alex North)

Pensar en cómo hubiese quedado la música compuesta por Alex North dentro de la película de Stanley Kubrick supone todo un ejercicio sugestivo. La banda sonora no pudo ver la luz en la época en que fue compuesta debido a que el director la desestimó y utilizó música de archivo para su película. No fue hasta 1993, coincidiendo con el veinticinco aniversario del estreno de la película, cuando otro compositor, el maestro Jerry Goldsmith, dirigió ala NacionalPhilharmonicOrchestra para dejar un registro sonoro de esta partitura olvidada e inédita hasta ese momento. Aquel gesto era también una hermosa forma de rendir homenaje a North, fallecido dos años antes de poder ver finalmente grabada su denostada obra.

Escuchando el álbum y comparándolo con la música que finalmente escogiese el director para acompañar el filme, uno puede comprender por qué la composición fue rechazada. Kubrick deseaba componer un poema visual, tenía una música concreta ya en mente antes de filmar. No necesitaba un trabajo que se acoplara a sus imágenes. Su obra necesitaba imágenes que se fundieran con la música que ya sonaba en su cabeza. Ese proceso de simbiosis con la imagen es tarea prácticamente imposible para un músico, entre otras cosas porque no es sencillo introducirse en la cabeza del director y conocer sus intenciones con exactitud, más aún teniendo en cuenta el famoso hermetismo de este autor en cuanto a su capacidad de comunicación con sus colaboradores.

Lo cierto es que la banda sonora tiene el tono pomposo y a la vez desenfadado cuya mezcla adoraba Alex North en sus trabajos. La partitura se inicia con un Main Title (ojo, no estamos nada lejos del comienzo del Preludio en Así habló Zarathustra, escogida finalmente por Kubrick) pero pronto se recubre del sentido de la parodia tan característico de North, la solemnidad se suaviza, la imponencia da paso al juego, al júbilo. No hay misterio ni oscuridad, sino una celebración.

Night Terrors o Interior Orion son buenos ejemplos de las intenciones de North al componer el score. Atmósferas muy bien definidas, desarrollos que bien pueden convivir en un segundo plano con respecto al desarrollo cinematográfico, con un sabor muy propio de la música de vanguardia de aquella época, con la que siempre flirteó el compositor. Dos acordes distintos sonando en consonancia al unísono, ligeros encuentros con la atonalidad, sin perder nunca el sentido del humor.

Space Station Docking ha terminado por convertirse en la pieza más reconocida y característica con la que referirse a esta banda sonora. Resume bien sus cualidades e intenciones: colorismo orquestal, belleza rítmica, un discurso desenfadado… Una partitura deliciosa, pero justamente contrario a lo que terminaría por escoger su director.

Trip to the Moon o Space Talk son otros delicados momentos del score que merece todos los elogios. Intimismo y brillantez orquestal para una música escrita en forma de susurro. En Moon Rocket Blues, North se permite la experimentación total, desde el uso de voces hasta la música electrónica. La culminación del álbum es el Main Theme, que se abre con una divertida fanfarria muy alejada del sentimiento de solemnidad buscado por Kubrick y termina desarrollando un vals fragmentado más simpático que memorable.

Escuchar esta banda sonora desconcierta, sobre todo porque hemos visto nacer a aquellas imágenes con otro universo sonoro muy distinto y ya resulta imposible disociar aquel matrimonio de perfectos resultados. La vimos nacer con una música que parece estar compuesta de blancos y negros, de verdades absolutas. North dibujó un universo lleno de colorido que hace hablar con voz muy diferente a las imágenes del filme. De seguro la historia del cine habría sido muy diferente si la música de Alex North y no la de Strauss hubiese acompañado el corazón de 2001, pero eso ya son conjeturas imposibles, en un diálogo que se antoja interminable. Es hermoso poder celebrar la existencia de esta grabación, que no es otra cosa que un sentido homenaje a un músico desaparecido, y soñar con la posibilidad de mundos discursivos diferentes para una misma película, distintas maneras de contar un mismo mensaje. 

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